467 05/05/16 De Mª.Stmª. EN ESTE JUEVES DE ASCENSIÓN

Queridos hijos de Mi Corazón Inmaculado, en este Jueves de Ascensión… ¡Contemplad a Jesús! ¡Seguid contemplando el Amor…! Se tenía que ir al Padre a recibir el Reino, y no fue capaz de dejaros del todo…

Su Infinito Amor Le había llevado a morir en la Cruz, y así mostró Sus Llagas a más de 500 hermanos reunidos, como testigos de Su Resurrección ante el mundo… Si no hubiera muerto en verdad, en medio de tantos tormentos, y sin haber sido sepultado tres días, no se convertiría apenas nadie, porque lo que conmueve es el Amor, y esto se demuestra con el sufrimiento.

Así se cumplió la Escritura: “Mirarán al que traspasaron”. (Zac 12, 10) Viendo a Jesús en la Cruz, vemos Su Caridad por el hombre, y viene la conversión, pues se estremece el alma, y sana, como sanaban los israelitas en el desierto de las picaduras, castigo de su pecado, contemplando a la serpiente de bronce levantada por Moisés. (Num 21, 9)

Y los santos, que han sentido tanto este Amor, aman el sufrimiento. No lo aman al estilo del mundo, que quiere demostrar hombría, temeridad y desprecio al dolor, como si la fuerza para vencerlo dependiera sólo de su propio poder… Los santos amaban el sufrir, no como castigo del pecado, sino como sufrió Cristo, por parecerse a Él, por estar en Su línea, y por ello se abrazaban a su cruz, uniéndola al dolor de Cristo en el Calvario.

Y daban gracias ante cualquier dolor, se mostraban conformes y alegres con la Voluntad del Padre, sabiéndose en Sus manos, con toda confianza, y se les hacía ese yugo, llevadero, y esa carga, ligera. (Mat 11, 30)

Sabían que Dios permitió el pecado, pero, en Su infinita Misericordia, compadecido del hombre engañado, que perdió la inocencia como quien derrama un elixir precioso en tierra, este tesoro lo fue recuperando paso a paso hasta sus últimas consecuencias y por sus mismos medios, uno de ellos el sufrimiento, para purificarlo y elevar la naturaleza humana a un estado aún superior al que tuvo, formando parte del Cuerpo Místico de Cristo y participante de Su divinidad.

Y Yo, como Madre vuestra, os animo a que busquéis el Amor, os penetréis bien de él, y no os importe nada, pues al final de la vida os examinarán de ello. ¡Amad, amad, amad hasta que duela! Y quedad en paz. Así sea.

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